El espíritu del Quijote: portada

El espíritu del Quijote

cajetín de autor: Liberto Vagamundo

Ya nadie se identifica con las masas porque todos nos creemos especiales. Sin embargo las masas proliferan y, en una lucha incesante, acumulan laborables y festivos con más pena que gloria, me parece a mí. ¿Dónde quedán las grandes gestas, dónde los herederos del espíritu del Quijote?

Tiempo estimado de lectura: 5min.

El espíritu del Quijote nunca muere

La gran mayoría de las personas se despiertan a golpe de despertador, completan sus quehaceres diarios, descansan y retoman el ciclo de producir y consumir pero marcando la diferencia con el resto; y así, sintiéndose especiales, se contentan.

A esto lo llaman vivir, fíjate. Yo prefiero llamarlo subsistir, adaptarse al proceso donde mueren los sueños y los grandes planes. Renunciar a las sublimes melodias para someterse a la fanfarria imperante.  

Luego están los otros: los héroes, los locos, los raros, los quiméricos, los extravagantes, pero no los extravagantes que se esfuerzan en serlo (estos son unos mentecatos) sino los otros, los genios (véase: Dalí, Mozart, Nietzsche, Van Gogh…), los que se elevan por su natural condición sobre gentíos fotocopiados y mundanales intentos de alcanzar celebridad o importantes sumas de dinero.

Los referidos genios, alabados y encumbrados, en su día fueron tomados por locos. Sus mentes funcionaban de otra manera, todos fueron portadores del espíritu del Quijote y padecieron la incomprensión, el escarnio o el rechazo de sus coetáneos.

Mejor que nos lo explique, de primera mano, uno de los mayores genios de las letras universales:

Los hombres me han llamado loco; pero aún no está determinada la cuestión de si la locura es o no la más excelsa inteligencia, si mucho de lo que es gloria, si todo aquello que es profundo, no brota de la enfermedad del pensamiento, de modos de pensar exaltados respecto del intelecto general. Aquellos que sueñan de día son conocedores de muchas cosas que se les escapan a los que únicamente sueñan de noche.

Edgar Alan Poe

¿Sabes quién eres?

Sí, me dirijo a ti, ¿sabes quién eres? Puede que te parezca una pregunta estúpida, pero te aseguro que tiene mucho fundamento. Antes de que respondas, voy a contarte algo que te hará reflexionar:

Cuenta Miguel de Unamuno en uno de sus ensayos (El sepulcro del Quijote) que don Quijote de La Mancha, viéndose tratar como un hidalgo que ha perdido la cordura, exclama: «¡YO SÉ QUIÉN SOY!».

Todos piensan que Alonso Quijano sufre un trastorno mental, pero él sabe quién es (el caballero Don Quijote) porque tiene una misión, un cometido que cumple apasionado mientras toda esa caterva de bachilleres, licenciados, barberos y canónigos intentan devolverlo al redil de la masa sin candela.

Y yo digo: ¡Bendita locura, haz de mí lo que quieras pero dame pasión!, ¡líbrame de la mezquindad, la intrascendencia y la cháchara estéril!, ¡sálvame de la convención y la eterna repetición! ¡Quién puede adaptarse a esta ramplona sociedad sin perder en el intento buena parte de su esencia!

¿Quién puede? ¿Tú puedes? Yo no, mis intentos por adaptarme me convertían en un producto manufacturado por la opinión, creencias y costumbres ajenas. Por suerte es muy sencillo recuperar la condición de marginal, solo tienes que apartarte y te olvidan pronto.

La sociedad nos moldea, pero el genio es un producto de sí mismo que conserva su esencia y no duda en mostrarse tal y como es. Será denostado, será censurado, será acribillado… pero será.

Y SER ES MUCHO MÁS QUE TENER, aunque te mueras de hambre por dar más importancia a los propósitos elevados que a las finanzas.

¿Tú qué prefieres, ajustarte a lo que esperan de ti o ser la persona que eres en realidad? El problema es que mucha gente ignora quién es y ni siquiera se lo pregunta, porque nos educan para ser sumisos y productivos, nos dicen que debemos acatar, tolerar, soportar, comulgar, aceptar el sacrificio cada día dando gracias al señor por ese pan y circo carente de sentido pero al menos, cómodo, y en ocasiones satisfactorio. Así nos moldean.

Tributo a Diógenes, el primer espíritu libre

Mucha gente afirma que tener coche propio da mucha libertad. ¿A qué libertad se refieren? Supongo que únicamente a la libertad de desplazamiento, porque la auténtica LIBERTAD no reside en los objetos materiales, sino que le pregunten a Diógenes de Sinope (conocido también como Diógenes el Cínico o como El viejo del barril), un filósofo de la antigüedad al que desterraron de su patria (Sinope, Turquía) y al marcharse, sentenció: «No me condenáis vosotros al destierro, yo os condeno a vosotros a quedaros aquí» (o en otras palabras: me largo, aquí os quedáis con vuestros egos, limitaciones y conflictos de mierda).

Luego puso rumbo a Grecia sin otro vehículo que sus piernas. ¡Bravo, esto sí que es LIBERTAD!

No soy griego ni ateniense, sino ciudadano del mundo.

Diógenes de Sinope

Han pasado cuatro siglos desde esta ruptura ejemplar con las banderas y los límites fronterizos y seguimos en el mismo bucle, atrapados en el odio racial, étnico, religioso y cultural que promueven los nacionalismos. Una auténtica pena.

Diógenes (1882) por John William Waterhouse.
Diógenes era partidario de reducir al mínimo sus necesidades y, predicando con el ejemplo, vivía en un tonel con exiguas posesiones.

En busca del espíritu del Quijote

No sé tú, pero yo para sentirme libre necesito perseguir quimeras, ponerme a prueba en aguas bravas y por su puesto nadar a contracorriente, de lo contrario me envuelve el vacío y me consumo poco a poco en la absurda identificación con los paisanos, la empresa, la patria, los hinchas del mismo club o los practicantes del mismo credo, zonas de confort donde nuestros límites particulares los definen los comunales.

¿No crees, mi amigo, que hay por ahí muchas almas solitarias a las que el corazón les pide alguna barbaridad, algo de que revienten?

El sepulcro del Quijote
MIGUEL DE UNAMUNO

En mis años adolescentes me desahogaba con actos de locura transitoria (mis amigos, los que tuve, lo saben). Como todos, me esforzaba en integrarme y en aceptar lo que había, pero aquellos intentos me hacían perder el juicio, chillar y destruir, enfrentarme a ese orden establecido que amenazaba con extinguir mi brillo genuino.

Era una criatura salvaje y destructiva, desatada por el alcohol y otras sustancias ilegales de fácil acceso. Ahora soy un adulto afligido por las normas y costumbres, un inadaptado terminal.

Pero mis ojos apenas han cambiado, siguen siendo oscuros, intensos y curiosos. Me miro al espejo y la fatiga esta presente, pero también el fulgor: SIGO EN EL BUEN COMBATE.

Mi lucha desesperada, mi pasión diaria, mi locura redentora, mi manera de ahuyentar el fantasma del esclavo asalariado, consiste en escribir. Es un acto terapéutico que no tiene otra razón de ser, pero que ha de convertirse en dinero para prolongarse en el tiempo.

Vivimos en el mundo de las dobles intenciones. ¿Quieres ser escritor? Buscas celebridad, fortuna, admiración, prestigio, la eterna cantinela del bestseller y el Premio Planeta. ¡Quién habló del cochino Planeta, solo quiero escribir, ser un espíritu libre que cuenta historias apasionadas!

Claro que quiero ganar dinero (cuánto más mejor), pero no que me eleven al pedestal donde figuran los prohombres y adalides de la cultura, porque soy contracultural.

YO TAMBIÉN SÉ QUIÉN SOY, puedo perder la cabeza pero nunca el norte. ¿Qué pasa con mi locura, pasión y rebeldía? ¿Qué ocurre con mis ganas de prender hogueras? Pretenden del escritor que modere su lenguaje, temple sus nervios y corrija su actitud beligerante, que tolere con talante democrático, que consienta y se resigne como todos los demás.

Entonces qué, ¿limo las aristas de mi intelecto?, ¿me convierto en otra mano masturbadora de masas apaciguadas? Ni hablar: ¡coctel molotov, lata de gasolina y mechero; hondas y pedruscos y muerte a Goliat!

Es necesario que el espíritu del Quijote cabalgue de nuevo. Los valerosos corazones que estén dispuestos a envestir molinos, se unirán a la causa.

No se trata de tener, acumular y poseer, sino de ser, compartir y cultivar el desapego hacia la tierra y las personas sin dramas o guerras de por medio. Se puede amar a la gente sin poseerla. Se puede amar a la tierra sin aferrarse a ella. Sería lo suyo, todos ganaríamos en libertad y fraternidad.

LLEGÓ EL MOMENTO DE REPETIRTE LA PREGUNTA CLAVE: ¿SABES QUÍEN ERES?

Sería un honor que me respondieras en los comentarios. ¿Tienes una causa o propósito verdadero que no responda a fines económicos? En caso afirmativo, ya sabes quién eres; de lo contrario, déjate conducir por el espíritu del Quijote.

Recursos gráficos de pngtree y pixabay.

Soy Liberto Vagamundo, ¿aún no me conoces?

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8 Comentarios

  1. Dantesco L. Johanson
    27 septiembre, 2019

    Es complicado responder a esa cuestión, saber quien es uno mismo en una sociedad llena a rebosar de etiquetas puestas o auto impuestas. Creo que los dos hemos pasado y caminado por esos derroteros personales que describes pasando por cientos de círculos variados buscando sin descanso una identidad o una etiqueta para encajar no sabemos bien donde…
    Excepcional relato , repito, que he leído mientras leía La desaparición del Universo, uno de los mejores libros que han pasado por mis manos, y me ayuda a dar una respuesta concreta.
    Sinceramente, de cara al público he pasado horas y horas de conversaciones para dar a entender ‘qué soy’ o ‘quién soy’, durante esa época de vivir una y mil experiencias, hasta que hace poco más de una década lo dejé de hacer.
    Me provoca una insoportable pereza el dar y darme explicaciones y responder a esa inquietante cuestión, que mejor no decir ni decirme nada. Porque eso soy, una enorme nada, y un enorme Todo. No sé decir qué he sido en el pasado ni me importa lo más mínimo. No se decir qué seré mañana, ni me importa lo más mínimo. Solo soy un ser que intenta estar en el presente, día a día, sin proyecciones, sin esa conversación interior acuciante que no deja de buscar respuestas en el sueño en el que vivimos.
    No se quién soy, o qué soy, y me da lo mismo. Si se lo que no soy y quién no soy, o por lo menos evoluciono hacia ello. No quiero ser nadie, solo deseo estar en paz, estar relajado, estar presente, y que vaya viniendo lo que sea que ha de venir. Hace mucho ya que me cansé de ‘intentar ser’… Solo soy ‘nada’ y soy Todo.

    Responder
    1. Eugercio
      27 septiembre, 2019

      Te entiendo Dantesco, intentar ser algo en la vida consume una gran energía y en la mayoría de los casos, resulta agotador. Sin embargo, es un impulso vital que se manifiesta en todos nosotros sin que podamos evitarlo. Esos sabios que marcaron el camino (veáse: Li Po, Lao Tse, Diógenes, Rumi, Krishnamurti) hacia la auténtica libertad, son los únicos acreedores de esa paz interior a la que muchos aspiramos. ¡Ay, cómo definirse en relación a locura que impera en las sociedades modernas, cómo evitar la programación, cómo asilarse del ruido incesante…!
      Hasta en un camino como el tuyo, despojado de ambiciones, existen los anhelos de no ser nada y Todo a la vez. Mucha suerte compañero, en ese camino hacia la liberación, y gracias por regalarnos un pedacito de alma.

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  2. Enrique
    11 septiembre, 2019

    En primer lugar felicitarte por este post, me caló hasta los tuétanos, en serio.
    Quien soy?… Podría afirmar con certeza que busqué convertirme en alguien importante estudiando una carrera universitaria y consiguiendo un trabajo donde los demás me miraban casi con veneración ya que sus trabajos dependían de mi.
    Hoy ya hace unos años que afortunadamente perdí todos esos “privilegios” y digo afortunadamente porque recién, desde lo mas hondo de mi alma, me doy cuenta cuan equivocado estaba tratando de vivir una vida moldeada por la sociedad; que si tienes buen empleo, que si tienes buen coche, que si te codeas con los gobernantes de turno, etc, etc.
    Pero bueno llevo varias lineas soltando letra y aun no digo quien soy… Y es que ni yo mismo lo sé, ya que ahora mismo pretendo ser escritor por el solo hecho de que me siento libre y feliz cuando estoy solo frente a unas hojas de papel y un lápiz… entonces ahora mismo se que soy feliz.

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    1. Eugercio
      12 septiembre, 2019

      Enrique, te agradezco de corazón tu sincero y sentido comentario. Eres un valiente. Aún no sabes quién eres, pero el espíritu del Quijote no te es indiferente y tus pasos, por esta senda, te llevarán a ese mágico encuentro contigo mismo. Diste en el clavo, se trata justamente de eso, de encontrar lo que nos hace felices y de focalizar nuestros esfuerzos en esa dirección. Caminando por lo que somos, no existen los esfuerzos anodinos o pesados, solo el buen combate que ennoblece el espíritu.
      Esto no es demagogia barata, cada día me levanto para luchar por mis sueños y a pesar de que padezco incontables limitaciones (el fruto del aislamiento), a pesar de las ínfimas posibilidades de conseguirlo, experimento la dicha de mi legítimo intento y me siento dueño de mí.
      Qué podría esperarse de un chiflado de mi calibre, te aconsejo que renuncies a la infelicidad protocolaria, que definas tu intento y que luches, no con uñas y dientes, sino con garras y colmillos. Será TU LUCHA, no menos dura pero si gratificante, danzarás con los dioses y puede que consigas ser tu propio dios. Al fin y al cabo, eso es lo que eres, eso es lo que somos, dioses sojuzgados que desean manifestarse.
      Un abrazo Enrique.

      Responder
  3. Dantesco L. Johanson
    9 septiembre, 2019

    Para qué usar más palabras que estas a la hora de comentar tan excepcional alegato?

    Responder
    1. Eugercio
      9 septiembre, 2019

      Me alegro de que hayas disfrutado, Dantesco L. Johanson, aunque me quedo con las ganas de escuchar tu respuesta a la pregunta clave de Liberto Vagamundo: ¿Quién coño eres? El cabrón lleva al lector hasta al final con su retórica libertaria y le empuña de la pechera para pedirle, amablamente, que le entregue un pedacito de alma. Este Liberto tiene un tanto de ángel pero mucho más de diablo.

      Responder
  4. Luci
    6 septiembre, 2019

    Hola Javier, en este post has desnudado tu alma (por lo menos para mí), golpeas los cimientos de nuestras creencias con respeto, pero con firmeza y dando donde más duele… ¿Qué quién soy? Una genia perturbada que intenta pasar desapercibida, ya sé, la modestia no es lo mío, pero me importa un carajo… Me encanta ser la protagonista de mi mundo jejeje. Lo que escribes es excelente, como siempre. ¡Saludos y felicidades!

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    1. Eugercio
      7 septiembre, 2019

      Tienes razón Luci, en algunos post de Liberto Vagamundo, pedacitos de mi alma desnuda desvisten a los lectores ante el espejo de su conciencia. Más allá de exponer sentimientos e ideas, invito a la reflexión e incito a la rebelión. Muchas gracias por responder a la pregunta clave, me sacaste una sonrisa. Me gusta saber que hay personas por ahí que, al margen del ruido mediático, crean su propia realidad con ingenio y valentía. ¡Un abrazo grandote!

      Responder

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