Qué es la libertad: libercuento de Liberto Vagamundo

Un cuento de libertad

Hoy quiero hablarte de libertad. Si te interesa, indagaremos en este concepto con la intención de esclarecer hasta qué punto somos libres y hasta dónde podemos llegar a serlo.

Tiempo estimado de lectura: 6min.

¿Qué es la libertad?

Cuando vine al mundo, la ilusión y la esperanza pululaban por los pueblos y ciudades de España. El patético dictador (qué dictador no lo es) había estirado la pata y las multitudes clamaban libertad.

Hasta entonces el término «libertad» había estado en desuso, no gozaba de una buena reputación. Es lo que tienen las dictaduras, para no acabar entre rejas, apaleado o ejecutado es preferible cerrar el pico y ajustarse a las normas y costumbres del régimen en cuestión.

Pero la democracia había llegado para quedarse y la libertad se respiraba en el ambiente. Con Naranjito y el mundial balompédico del 82 las fronteras terminaron de abrirse y España se consolidó como paraíso vacacional.

Qué es la libertad: Naranjito, mascota del mundial 82
España cayó eliminada en la fase de grupos de su propio mundial, pero nadie culpó a Naranjito porque era mu salao. La gente lo quería.

La inercia de los acontecimientos echó a rodar. La apertura, el destape, las reivindicaciones sociales, las reformas políticas, las elecciones generales del 82 (las del cambio) y, durante la campaña, un ejército de coches provistos de megáfono que lanzaban sus proclamas al viento: «¡Vota CDS, vota libertad, vota por el centro democrático y social!».

Los chavales perseguíamos aquellos coches y acudíamos a los mítines políticos con el ansioso propósito de conseguir caramelos, globos, chapas con insignias de los partidos anunciantes e incluso gorras, camisetas o viseras, los premios gordos.

También nos atraía la vistosidad de los políticos y sus séquitos, que con sus himnos, trajes y algarabías se paseaban por las calles en honor de multitudes. Junto a los chicos del barrio, llegué a perseguir a Adolfo Suarez por las calles del pueblo mientras éramos repelidos por los mayores para que no entorpeciéramos el paso de la comitiva.

Antes, los políticos no eran tan mesiánicos como ahora, «Dejad que los niños se acerquen a mí» (y hacedme una foto que refleje mi humanidad) no figuraba entre sus prioridades. Hoy sin embargo, en los mítines, los niños son alzados en brazos, exhibidos cual trofeos y utilizados como garante de que el futuro del país está en buenas manos.

Por entonces se hablaba mucho de futuro y libertad. Yo era un niño, no entendía de futuro porque pensaba en presente. Y la libertad era buena porque alegraba a los adultos, pero a qué se referían con aquello de «libertad».

Para los niños, el golpe de Estado del 81 fue una ocasión inmejorable para entender el significado del término «libertad», pero yo era demasiado pequeño, y nadie tuvo la ocurrencia de hacer un especial de Barrio Sésamo para adaptar aquel esperpento a mis párvulas entendederas.

Ahora bien, ver a Tejero y sus trogloditas pegando tiros en el Congreso (estos sí que eran golpistas de verdad) y ver la cara que pusieron mis padres me hizo comprender lo que era el miedo y la tiranía. Y de paso entendí como el Caudillo, aun siendo tan poca cosa, había estado al mando del país durante cuatro décadas: mano de hierro y lluvias de plomo.

La verdadera libertad

Uno no comprende del todo lo que es la libertad hasta que se ve privado de ella. Me pasó a los dieciséis. ¿Me encerraron en un reformatorio? Admito que era un vándalo, pero no, mi desdicha fue ingresar en el mercado laboral. Yo era una deliciosa criatura callejera, pero el mundo de los adultos me echó el guante y kaput, se acabó lo que se daba.

Al principio no supe ver las implicaciones de todo aquello. Durante años y más años intenté adaptarme, pero no fui capaz, y como fruto de los distintos trabajos y ocupaciones, un rosario de relaciones humanas se tradujo en un desgaste emocional que me empujó al destierro de la vida contemplativa.

Los estériles ajetreos de la urbe, las contiendas que se libraban a diario en transportes abarrotados de almas prisioneras, me hicieron replantearme mi modus vivendi. No quería saber nada de hormigueros humanos, así que puse tierra de por medio y empecé a escabullirme del mercado laboral, que para mí siempre fue sinónimo de sufrimiento.

Me convertí en un trotamundos. Trabajaba un tiempecito y luego me dedicaba a mis intereses personales, hasta que la bonanza se agotaba y la necesidad imperante (y acongojante) me obligaba a buscar un nuevo empleo, ese drama que consistía en enviar currículos a lugares indeseables donde, si tenía la mala suerte de que contaran conmigo, volvían a envolverme los negros nubarrones.

Llegué a pensar que el problema era yo. Algo pasaba conmigo. No aceptaba las pesadas rutinas. No me resignaba. No tenía las tragaderas de la gente normal. La gente como es debido. Esos mártires del consumo que se esforzaban en encajar de mejor o peor manera. ¿Qué me pasaba? ¿Por qué tenía madera de inadaptado? ¿Por qué vocación de marginal?…

El caso es que prefería estar al margen del SISTEMA. Es más, detestaba que el SISTEMA tratara de moldearme y buscaba deshacerme de él. Buscaba ser libre. Pero esa utópica búsqueda me llevó a la conclusión de que fuera del SISTEMA había otros sistemas, innumerables telas de araña donde tarde o temprano te acababas enredando.

En los tiempos que corren, todo es un enredo monumental.

La libertad programada

Vivimos en la era del caos y la inmediatez. Lo queremos todo y lo queremos ya. Atiborrados de estímulos, pasamos de una cosa a otra sin tomarnos el tiempo necesario y sin prestar la debida atención. Queremos ver París, Londres o Roma en un fin de semana, y eso genera prisas, ansiedad, hacinamiento, oportunismo y colas kilométricas en lugares de obligada visita.

Creemos haber visto. Creemos haber comprendido. Y en realidad hemos deglutido. Nos hemos tragado el paquete turístico. Las listas y tips de bloggers y youtubers. Las diez ciudades que no puedes perderte. Los diez museos más importantes. Las diez playas con más encanto. Los diez restaurantes más cool y todo lo demás…

Algunos dicen que son viajeros para desvincularse del aborregamiento imperante, pero desfilan por los mismos sitios o por otros igualmente transitados. Ya no queda tierra virgen. Hemos tocado techo en este sentido con esos doscientos alpinistas que se apelotonaron en la cima del Everest. Hay que ver esto, hay que hacer lo otro, de aquí para allá con el iPhone en el bolsillo sin apenas respirar, sin medir riesgos y consecuencias, sin tiempo para empaparnos, por ejemplo, del verdadero espíritu de un lugar y sus gentes.

Las hordas se han echado a las carreteras y se cruzan en dársenas y aeropuertos con rostros precipitados y aparatos electrónicos que deciden por ellos y les marcan el rumbo. Nunca hubo tanto déficit de atención. Nos cuesta un mundo concentrarnos. Nos cuesta reflexionar, analizar, profundizar en las cosas y en nosotros mismos.

Hoy día, quién va a molestarse en seguir las disertaciones de un discurso como este. Hay demasiadas luces en la superficie, distracciones empaquetadas con vistosos lazos de colores que aglutinan a las masas en torno a ellas.

Estoy casi seguro de que nadie me ha seguido hasta aquí. Soy un lobo estepario que escucha el eco de la ausencia mientras observa voraces miríadas humanoides que pasan de largo en busca de otras presas más grandes y sabrosas. Y puedo sentir, al mismo tiempo, la hondura del metafísico espacio donde habitan mis sentires y pensamientos.

Tal vez estés ahí, estimado lector o lectora, y es posible que decidas hacérmelo saber a través de un comentario, pero creo que estoy más solo que la una…

Ahora mismo podría cagarme en lo más sagrado, verter la hiel de mis entrañas sobre monarcas, estados, instituciones y mandatarios. Podría ejercer mi libertad de expresión sin riesgo de ser multado o encarcelado. Podría matar a alguien y que su sangre corriera por los píxeles de esta pantalla…

sangre corriendo por la pantalla

¿Qué iba a pasar? ¿Quién iba a enterarse? Un blog como este no interesa. Ni siquiera mis amigos lo leen. Podría cagarme en ellos y en sus ancestros sin poner en peligro nuestra amistad.

No pasa nada, sin rencores, estamos en la era del hiperestímulo, de la hiperdigitalización, de la hiperprogramación, de la hiperactividad y la hipertensión, de las prisas por llegar a todas partes sin llegar a ningún lado. Procedemos del mono y, tras un largo trayecto de millones de años, nos hemos convertido en una plaga de langostas. Saltamos y saltamos, y antes de plantar los pies estamos listos para el siguiente salto. Sinsentido. Descontrol. Despropósito. Desarraigo…

¿Somos realmente libres?

En mis idas y venidas conocí terrícolas que me hicieron sentir comprendido. Entendí que el problema no era yo. Otras personas, gente sensible con heridas de distinta envergadura, deseaban lo mismo: apartarse del mundanal ruido.

Los humanos actuales anhelamos más que nunca ser libres, pero siempre encontramos el modo de esclavizarnos. Sí, el jodido SISTEMA (y los jodidos sistemas alternativos), la jodida educación, el jodido progreso, la jodida ciencia sin conciencia y el jodido capitalismo que nos induce a competir para salvarnos de la quema.

Demasiadas necesidades. Demasiados apegos. Demasiadas ambiciones. Demasiadas expectativas que nos llevan de un lado para otro hasta el desgaste y la rendición. Buscamos fuera de nosotros y encontramos desencanto, culpa, traición, cruda realidad, certeros puñetazos en el bajo vientre.

Puede que no haya nada que buscar. Puede que sea mejor dedicarse a vivir sin comeduras de tarro, despojados de expectativas, sin pretender que la vida nos premie o que alguien nos salve o complete.

Puede que al final, el objeto de nuestra búsqueda nos encuentre a nosotros. En la madurez, en el lecho de muerte o en el más allá.

Mientras tanto camino en solitario. Lo prefiero así, la pertenencia a cualquier grupo te encasilla, reduce tu libertad de acción y pensamiento. Prefiero analizar, criticar y oponerme a mí manera.

¿Qué me dices de ti, algo que comentar al respecto? Puedes hacerlo más abajo.

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10 Comentarios

  1. La Sari
    14 septiembre, 2019

    Viva Naranjito!!!

    Responder
    1. Eugercio
      15 septiembre, 2019

      Otra admiradora de Naranjito. Está visto que mis palabras no pueden competir con su encanto. Un abrazo Sara, me alegra saber que tu falta de tiempo no te impide leerme alguna que otra vez.

      Responder
  2. Luci
    14 septiembre, 2019

    He llegado hasta el final Javier, y has dado en el clavo, describes perturbadoramente mi forma de ver la libertad y cómo la falta de ella me ahoga poco a poco. Así que ya ves, los inadaptados somos más de uno (gracias a Dios). Admiro tu constancia y valentía por despertar conciencias, como no te rindes ante el sistema y le plantas cara a través de tu arma más letal, las palabras. Yo te leo, porque saco de tus textos lo que necesito para no sentirme tan sola en este jodido mundo. Te confieso, que me importa una mierda la sociedad y su eterna incapacidad de despertar… Te leo para mí y así lo seguiré haciendo. Por eso, si me lo permites, exprimiré tus relatos a mi favor. ¡Saludos!

    Responder
    1. Eugercio
      15 septiembre, 2019

      Estimadísima Luci, este naúfrago te envía, desde su ínsula libertaria, un cálido abrazo de inadaptado terminal. Es muy gratificante saber que mis botellas de náufrago son recogidas por personas como tú. PERSONAS, mejor dicho. El mundo esta petado de gente pero no hay demasiadas PERSONAS. Bueno, rectifico, en realidad hay muchas, pero suelen estar al margen, ojipláticas ante el espectáculo bochornoso de la medíatica humanidad.
      Te confieso que en la sección de Liberto Vagamundo escribo de forma terapéutica y para conectar con PERSONAS como tú, al resto les considero una plaga inconsciente, no entenderían siquiera a que me estoy refiriendo, sus mentes formateadas sacarían conclusiones erróneas en favor de la bienpensante sociedad, entelequia lamentable regida por la violencia, la morbosidad y el egosimo disfrazado de bondad y buenas intenciones.
      Un abrazo Luci, exprime mis textos cuanto quieras, para mí es un honor.

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  3. Dantesco L. Johanson
    27 junio, 2019

    Excelente! Genial! Enorme! No se que más puedo decirte! Nuestras conversaciones en un resumen exacto, que levantará ampollas en más de uno. La introducción al relato es idónea, solamente decir que no hay mayores comandos criminales que los estados, da lo mismo el país, y para chaparrón de plomo el de… No! Mejor decirlo en privado, no sea que esos comandos criminales estatales me quieran joder…
    En muchas ocasiones me has oído decirte que nos educan para ser unos peleles que continúan lubricando la maquinaria, los educadores, siempre con excelente voluntad, inmersos ellos sin darse cuenta en la pantomima, perpetúan la cadena. La única manera de educar de manera correcta es la educación basada única y exclusivamente en la consciencia.
    Es muy normal que tú creas que eres el inadaptado, es parte de esa educación que nos imponen. Es normal sentirse culpable, aunque la culpabilidad no existe. Solamente los corazones humildes, puros y osados, se cuestionan de esa manera. Incluso comprendiendo que no eres tú el ‘problema’ y eludiendo una y mil veces lo establecido, cuando sales de un monumental enredo, te espera otro a la vuelta de la esquina.
    La descripción de ese ‘espejismo de libertad’ es maravillosa! No puedo decir más. No me ha costado nada leer este relato, lo leí hace una semana, nada más publicarlo, y lo he leído dos veces más, sin sudores, sin prisas, sin mirar diez veces mi móvil mientras miraba la pantalla del ordenador, sin abrir más pestañas en el buscador y pasar de una a otra y permanecer en ellas poco más de un instante.
    Sinsentido, descontrol, despropósito, mejor y más contundente no se puede escribir… Serás capaces aquellos lectores de mirarse dentro así mismos y ver que son como les describes? Serán sinceros con ellos mismos y ver que no lo están haciendo de manera correcta? Serán capaces de convertirse, como dice Borja Vilaseca, en buscadores para elevar su consciencia? No lo sé, esto que comento no suele recibir las aprobaciones e interactuaciones en esos nuevos ‘monstruos’ creados para hacerte creer que eres libre.
    Dices: “Buscamos fuera de nosotros y encontramos desencanto, culpa, traición, cruda realidad, certeros puñetazos en el vientre”, y es cierto, porque única y exclusivamente hay que mirar dentro, dejando a un lado esa enorme cantidad de distracciones adornadas con miles de ‘lazos y colores’ llamativos. La esclavitud moderna nos abre sus brazos, estamos dispuestos a comprender que solo nos desvían de lo esencial? La inmensa mayoría no, no lo desea, no lo quiere aunque entiendan que no es el camino correcto, se van a quedar con la inmensa marabunta exterior que les llena los insoportables vacíos, con los retratos para ser importantes en las redes sociales, con el ir a devorar el destino de moda a sabiendas de que, de manera inconsciente, lo están destruyendo, con el personaje ‘in’ que lo ‘peta’ en Internet, llenando su existencia con las vidas y vivencias de otros/as, optaran por el oportunismo, la ansiedad, el hacinamiento allá donde la caterva vaya, sin pararse a pensar que ellos mismos pueden crear su propia vida, camino o historia , si se parar a pensar un momento…
    Cuidado, no culpabilizo a esas personas, para nada, cada uno ha bajado aquí a continuar evolucionando, a aprender. Cada uno está en su parte del camino, haciendo el recorrido, sin más. Incluso he visto, o me ha parecido, que las personas incluso a parte de estas masas, que poseen otra vibración o estado de consciencia, se esclaviza con la espiritualidad, y esto ya si que me deja pensando…
    Resumiendo, excelente relato, me quito el sombrero, los dos sabemos de lo que hablamos, aunque como escribes, rara vez ya pierdo mi precioso Tiempo explicando nada de esto, pues considero a la soledad y el silencio los mejores aliados de un individuo…

    Responder
    1. Eugercio
      28 junio, 2019

      Querido y estimadísimo Dantesco, para empezar quiero decierte que acabas de batir una plusmarca mundial: ¡el comentario más extenso de la blogosfera! Cómo darte las gracias por el tiempo que te has tomado y la valiosa contribución de tu comentario, un examen minucioso de «Un cuento de libertad» que complementa su contenido y extiende sus raíces. Podriamos hablar durante horas, ya lo sabes, de todos estos temás, ya lo hicimos en el pasado y si hay un futuro para nosotros, lo haremos en el futuro. Aquí, en este espacio, prefiero guardar silencio y ceder el protagonismo a Liberto Vagamundo, él se basta y se sobra para retratar y despachar a cuantos aguarden en hilera. Lo dicho, gracias por tu valioso comentario, es un verdadero lujo contar con un lector tan activo e incisivo.

      Responder
  4. Lorenita
    26 junio, 2019

    Este comentario tiene especial mención a la imagen de Naranjito con el comentario de “era muy salao, lo querían mucho” y no quiero restar importancia al relato pero me ha gustado especialmente, porque es verdad que coño, es que era muy salao . Yo no viví nada de la transición pero me ha gustado revivirlo con tus ojos y comprender un poco más tus pesadillas laborales, el camino sigue y no sabemos lo que nos deparará pero una cosa sí puedo adelantarte como lectora o como lo que venga aquí estaré.
    P.D. Si pusieras a escurrir a alguien seguro que aumentarían tus lectores, esta sociedad está caracterizada por la falta de atención como bien decís pero por el cotilleo y sensacionalismo también.

    Responder
    1. Eugercio
      26 junio, 2019

      Hi Lore. Verdad que sí, si Tarantino conociera a Naranjito lo tildaría de «jodidamente salao». Liberto Vagamundo y yo somos coetáneos, vivimos la transición siendo unos renacuajos que luego se enfrentaron, cada uno como pudo, a la expulsión del paraíso terrenal y las subsiguientes cuitas laborales. Por eso estamos, en efecto, donde estamos ahora, trazando un nuevo camino donde tu apoyo es tan preciado como pocas cosas en la vida. Gracias hermana.
      Lo de de poner a escurrir a alguien para aumentar lectores, ya sabes que no es mi estilo. Nunca lo haré gratuitamente, pero oye, cuando a uno se le inflan los coj… puede ser muy incisivo esgrimiendo la pluma, así que prometo guerra.
      PD: Bueno, la pluma y el pincel, porque ya viste las imágenes de cabecera de mis dos últimos post, en un par de diseños quemé la bandera de USA y casi sepulto en mojones a la Estatua de la Libertad. Es parecido a lo que comentas, a base de parodias también pongo a escurrir al que se da por aludido, ¡la polémica está servida!

      Responder
  5. Hana
    21 junio, 2019

    En una era en que la atención a un texto sólo se presta en forma de viñeta de wasap, estado de fb o meme se agradece un cuento como éste. Algo ingenioso pero preocupante me resulta lo de tiempo estimado de lectura, que para la mayor parte de los internautas no será de seis minutos sino de dos, y aún con eso agobiará a muchos, mientras se entregan a otras tareas. Este récord se batirá haciendo lectura diagonal o leyendo lo que ingeniosamente por parte del escritor está en negrita. Parece que somos incapaces de digerir textos, así como el gluten o la lactosa, y cada vez hay más intolerantes. Somos incapaces de concentrarnos en una tarea, y se hace endémico. El déficit de atención que caracterizaba a los niños ahora es cosa de adultos. ¿Será el café, el azúcar, los conservantes, las ondas electromagnéticas, la educación…? Algo que este texto consigue es hacer parar al lector un momento en un sitio y detener el torbellino que tiene en su cabeza, algo difícil.

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    1. Eugercio
      21 junio, 2019

      Pedazo de comentario, Hana. Definitivamente, date por encumbrada a lo más alto del pedestal donde ubico a mis lectores y comentaristas. Así es, según los estamentos del marketing para bloggers, añadir un tiempo de lectura aproximado puede evitar que ciertos lectores huyan por miedo a la extensión del texto. No sé, con este panorama, me da la impresión de que todo lo que supere los tres minutos ya es demasiado extenso, así que voy a a replantearme lo de indicar el tiempo aproximado o lo voy a rebajar deliberadamente, ajustándolo tal vez a la velocidad lectora de Cortocircuito, no se me ocurre mejor referencia para buena parte de los lectores actuales.
      Por otra parte, la función de las negritas es doble: que la lectura vertical se detenga en puntos determinados y que los motores de búsqueda (Google) consideren más relevante el texto en cuestión. Y esto solo es la punta del iceberg, no te puedes imaginar lo complejo y retorcido que es todo esto del blogging.
      Y desde luego, lo digo en el libercuento y lo comentas tú, el ritmo vertiginoso de estos tiempos de inmediatez está haciendo mella en la población, es una locura. LA CIENCIA SIN CONCIENCIA… ¿A DÓNDE NOS CONDUCE? Ya sé lo que estás pensando Hana, pero no lo digas tú que ya lo digo yo: ¡AL JODIDO HOLOCAUSTO!

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