¿Cómo es la vida de un escritor?

Que conste, te habla un escritor autoproclamado que tiene todo por demostrar. No me las quiero dar de nada, pero llevo seis años escribiendo casí a diario y a estas altura me siento escritor. Dicho esto...

Al contrario de lo que suele creerse, los escritores somos gente normal (no te creas una palabra de todo esto), puede que un poco más curiosos (por no decir cotillas) que el común de los mortales y, seguramente, algo más complejos a nivel introspectivo.

Por lo demás, la figura del escritor está sobrevalorada, en realidad nuestras vidas son tan monótonas como las de cualquier oficinista de bostezo y café.

No voy a mentirte (o puede que sí), nuestras jornadas laborales transcurren delante de una pantalla y, fuera de eso, nos ocupamos de las tareas cotidianas y procuramos sacar ratos libres para leer, ver una peli o salir a tomar algo, todo muy normalito y habitual.

Una vida prototípica, vaya, no te esperes otra cosa, pero ten en cuenta que el trabajo de un escritor (o escritora) consiste en transportarte a esos mundos que te absorben cuando abres un libro o enciendes un lector digital. Cuentos, leyendas, fabulaciones, patrañas, mundos imaginarios o tan reales como el que pisas pero vete tú a saber, porque...

Los límites de la ficción y la realidad se confunden fácilmente cuando te dejas seducir por la mente de un escritor.

Ay, qué será, será, la mente de un escritor...
¿Una chistera sin fondo?
¿Una extensión infinita de barro sin forma?
¿Una flauta de hipnótica resonancia que te sumerge en un danza atemporal de monje derviche o cobra embelesada?

Al principio te advertí QUE NO CREYERAS UNA PALABRA DE TODO ESTO.

Pues bien, ignoro cómo son o cómo viven los escritores, lo que acabas de leer es puro cuento. Supongo que, dentro de un gremio tan extenso y variado, habrá de todo. Por lo que a mí respecta, soy un lobo estepario que procura no involucrarse y apenas se deja ver.

Espero no haberte decepcionado, diseñé esta artimaña lingüística con el único fin de expresarte lo siguiente:

El don de la palabra tiene un poder de convicción de consecuencias impredecibles. Cuestionad todo lo que leáis, un sinnúmero de plumas son puestas al servicio de las causas más viles y rastreras.

El magín del escritor

Ignoro cómo viven o piensan los artífices de la creación literaria, pero puedo asegurarte que la mente de un escritor es una gárgola deslenguada de incontables cabezas que se alimenta de cualquier cosa que hayas dicho o pensado al respecto de lo que sea, conque cuidado con lo que cuentas a alguien que se hace llamar ESCRITOR/A.

Cada persona es un mundo, supongo que estamos de acuerdo. Y partiendo de esta premisa:

Cada escritor es un cúmulo de personas y mundos que se cuelan en el tuyo con la intención de enriquecerlo, transformarlo o incluso trastornarlo.

No importa lo real o ficticia que sea la historia en cuestión, cuando te adentras en una buena lectura tu humanidad o salvajismo resplandecen cual luciérnaga en mitad de la noche.

El escritor es el mensajero...
El espejo de los que se atreven a examinar su conciencia...
El oráculo de los que buscan otros mundos en este...
Un chamán contemporáneo que se adentra en sí mismo y en la psique colectiva para extraer la esencia de lo que somos y vivenciamos.

Todos llevamos dentro un potencial escritor. Contamos historias (a los demás y a nosotros mismos), verídicas o falaces, para reafirmar la creencia de lo que somos y la importancia del papel que jugamos en el mundo.

En mi caso, desde que empecé a escribir (allá por el 2013), mis historias cobraron un nuevo sentido:

Ahora son ráfagas de viento resonante...
Flores regadas con el jugo de mis entrañas...
Botellas de náufrago que flotan a la deriva con la esperanza de llegar a tierra firme.

Como te dije, ignoro cómo son los escritores, pero puedo contarte algunas cosas de uno que conozco bastante bien. ¿Te apetece cotillear?

Javier Eugercio al desnudo

En primer lugar...

Eugercio es mi cuarto apellido, lo cambié por el primero por razones estéticas y morales.

En segundo lugar...

Antes de consagrarme a las letras mi vida era un crisol de intereses, aficiones, estudios y ocupaciones laborales, pero ese individuo que fui se ha convertido en un personaje que aparece difuminado, entre los límites de la ficción y la realidad, en alguna de mis obras literarias.

En definitiva...

Hoy día, mi vida se reduce a escribir, a leer, a esta web que administro y al resto de actividades destinadas a labrarme una carrera literaria. El que fui ya no está, pero queda su recuerdo y su imagen en diferentes escenarios y situaciones.

Hace mucho tiempo recorrí buena parte de Sudamérica con una mochila a cuestas: no tengo una triste foto de aquella aventura; así me las gasto. Pero este vacío fotográfico, que en ocasiones se prolonga durante años, no me ha impedido ilustrar lo que viene a continuación...

Galería fotográfica

No lo hago casi nunca, pero cuando desempolvo mi pasado examino con mirada paternal a esos yoes tornadizos que bregaban, deseaban, padecían o disfrutaban mientras  buscaban respuestas sin saber que era imposible obtenerlas.

Detrás de cada pregunta hay muchas más y así hasta la locura del infinito.

En vidas anteriores…

Según los titulejos que tengo enrollados y traspapelados, soy técnico especialista en electrónica, técnico superior en restauración y quiromasajista, pero en realidad tengo más cuento que calleja, LO MÍO ES ESCRIBIR Y CONTAR HISTORIAS; amo las charlas trascendentales aderezadas con buenos vinos o cervezas, me encanta la gastronomía, viajar y filosofar, los entornos naturales y la vida contemplativa...

En cierta ocasión escuché que todos los artistas son exhibicionistas. Aún no merezco el estatus de artista, pero el de exhibicionista me lo estoy ganando a pulso desde el día en que decidí lanzarme al ruedo digital.

Yo, un firme detractor de las redes sociales que siempre echó pestes del postureo y de los focos mediáticos… ¡EN QUÉ ME HE CONVERTIDO!

Aquí me hallo: ¡autoinjuriado, fotocrucificado, expuesto cual macaco de feria o vodevil!

¿Por qué lo hice? Supongo que quieres saberlo...

Despedida y cierre

Es curioso, siempre aspiramos a cambiar, queremos llegar a ser o convertirnos en lo que sea, el lugar que ocupamos se nos queda estrecho. Nos cansamos enseguida de las cosas o personas, cada hijo de vecino quiere algo distinto a lo que tiene.

Supongo que es el sino de la era tecnológica, la información corre que se las pela y genera expectativas e ilusiones a cada vuelta de esquina. Corre ratón que te pilla el gato…

Por lo que a mí respecta, estoy en lugar que me corresponde y no pienso moverme de aquí. Si gustas, ya sabes dónde encontrarme.

Muchas gracias por leerme hasta el final, tu interés me ha transferido calorcito del bueno. Si crees que merezco la pena date una vuelta por mi blog o por mi página de Facebook.

Y si aún no lo hiciste, ESPERO QUE ENCUENTRES TU CAMINO Y QUE PUEDAS RECORRERLO HASTA EL FINAL.

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