Estos dos microrrelatos distópicos dibujan un futuro marcado por la automatización salvaje, la guerra global y un poder elitista que sobrevive a cualquier catástrofe. No proponen evasión, sino una deformación bastante reconocible del presente.
Dos microrrelatos distópicos sobre un futuro inquietante
TECNOMISERIA
Bastoncillo de algodón en mano, sudaba la gota gorda en mitad de la plantación. El silencio había sustituido al zumbido de los insectos, ya casi extintos en la comarca. Su trabajo consistía en polinizar las flores de forma manual. Patatas, calabazas, lentejas, sandías, calabacines, pimientos o lo que fuera necesario. Era una labor tediosa, pero el sustento de su familia estaba garantizado.
Rachid formaba parte del éxodo de retorno desde Europa, donde la automatización industrial había reducido drásticamente el empleo. El mismo proceso se repetía en todo el planeta: las ciudades perdían población en favor de las zonas rurales.
Sin embargo, el desarrollo tecnológico seguía avanzando y amenazaba a Rachid y sus compañeros, afiliados a un sindicato paramilitar dispuesto a luchar hasta la muerte por el pan de los suyos.
Aquella mañana de probaturas, la amenaza se cumplió. Divisaron a su mayor enemigo, un dron agrícola que planeaba sobre el manto de flores con la obvia intención de suplantarlos. «¡Falah, trae la escopeta!», dijo Rachid.
Minutos después, varios drones militares irrumpieron en escena. Las mujeres, que preparaban cuscús en las casas de adobe, salieron horrorizadas al escuchar la primera descarga. Los drones se llevaron los cuerpos, pero entre las flores quedaron esparcidos bastoncillos de algodón manchados de sangre.
© Javier Eugercio
«Ciencia sin conciencia no es más que ruina del alma».
François Rabelais
El escritor, médico y humanista francés escribió estas palabras en el siglo XVI. Si levantara la cabeza, ¿qué pensaría de nuestro tiempo?
Las distopías recrean futuros indeseables, pero en esta ocasión quise dejar un resquicio para la esperanza.
ENEMIGO COMÚN
Las grandes potencias mundiales se habían declarado la guerra y la debacle total era inminente. Los mandatarios se lanzaban amenazas y leían comunicados apocalípticos. Uno de ellos, el peor narcisista que había pisado el planeta, estaba a punto de autorizar un ataque nuclear cuando siete naves nodriza irrumpieron en escena y el mundo entero empalideció.
Décadas atrás, la humanidad había lanzado al espacio su primera señal de radio con la esperanza de que alguna civilización extraterrestre la captara. Así fue como supieron de nosotros.
En siete puntos estratégicos del globo, las naves amenazaban en silencio a toda la población mundial. La gente se preparaba para lo peor. Los ejércitos cooperaban, los políticos estrechaban lazos y se alcanzaban consensos sobre el modo de combatir al enemigo común. Por fin, el narcisista retiró la mano del botón nuclear.
Al octavo día no había rastro de las naves, pero su presencia y la posibilidad de su regreso terminaron de abrir los ojos a las naciones beligerantes.
Con el fin de las hostilidades, una nueva era de hermandad se dibujó en el horizonte y la esperanza iluminó el porvenir de la humanidad. Pero los psicópatas de las élites, dispuestos a pisotear los brotes verdes, seguían respirando bajo el mismo sol.
© Javier Eugercio
¿Qué te parecieron estos microrrelatos distópicos? ¿Cuál de los dos te inquietó más? Te leo en los comentarios
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17 marzo, 2020
Me causa mucha risa que ahora mismo estemos viviendo un cuento distópico en nuestras propias carnes. Te animo a que escribas más. Estamos esperando esas naves en el cielo que nos hagan recapacitar todavía. Han sumido a la gente en un estado de alarma que cualquier cosa que apareciera ahora mismo, como los escenarios que tú describes, no parecería ya raro. Los drones ya son un hecho, drones de la policía que mandan guardar cuarentena a la gente en las calles, y extraterrestres… creo que es lo único que falta. Espero que la gente aproveche estos días para leer y para recapacitar también un poco, en esta pausa que les ha dado el sistema, una pausa que precede al reseteo (al menos económico). ¿Volverá todo a la normalidad? Esperamos las naves.
17 marzo, 2020
Totalmente de acuerdo, Hana. Para mí no es casualidad que el género distópico se haya puesto de moda. Muchos, en nuestro fuero interno, deseamos que algún acontecimiento de envergadura nos despierte del letargo y nos obligue reaccionar. Naves extraterrestres, extinción de especies polinizadoras o pandemias mundiales como esta pueden ser el punto inflexión que necesitamos como especie para trascender la estupidez colectiva que nos está conduciendo a la debacle. Esperamos naves nodriza, nuevos mesías o cualquier otra clase de intervención divina, pero el tiempo de espera se consume como la mecha de un cartucho de dinamita incrustado en los cimientos de la especie humana.
12 marzo, 2020
Hace ya como tres días que vengo rumiando esta propuesta tuya de leer cuentos distópicos. Si bien, Tecnomiseria me ha gustado mucho, ya que he llegado a sentir muy vívido ese «auténtico baño de sangre», en tu micro: » Nosotros y ellos», no se por que, quizás por mi propio concepto de lo que es distopía y utopía, me trajo una cierta reminiscencia condensada de El mundo feliz.
El solo hecho de imaginarme un mundo donde la » hermandad dibuja corazones, ilumina sonrisas y abre sendas de esperanza para el nuevo ser humano» me hace estremecer, me angustia, me aterroriza. No creo en una distopía positiva y tal vez tampoco en una utopía ya que si levantamos la alfombra en el extremos de una utopía, de alcanzarla, claro está, seguramente encontraremos que era una distopía encubierta. Yo, en una sociedad así de «positiva» llena de corazoncitos, no podría luchar para mantener mi cordura, mi independencia de acción y pensamiento. Ya lo se Javier… Soy loca y media 🙂 no me lo confirmes. 🙂
13 marzo, 2020
Jajaja, tranquila, aquí las medio locas y las locas y media son siempre bienvenidas. Te agradezco mucho el tiempo que te tomaste para compartir tus impresiones. Entiendo tu perspectiva sobre el micro distópico, no crees en el jardín de la alegría y no te faltan motivos, con el nivel de conciencia actual ninguna situación, ni siquiera la descrita en el micro, podría transformar las sociedades humanas en paradigmas de justicia, cooperación o felicidad. El mundo es el que es y tu lucha por mantener la independencia de acción y pensamiento está garantizada de por vida. Non vemos en las barricadas…