relato corto de humor negro: un pirado arrestado

Relato corto de humor: Un pirado arrestado y tres fracturas de cráneo

También estoy por aquí…

Mi amiga Clara Gardó me propuso escribir a dos manos un relato corto de humor y la experiencia fue bastante divertida; el colegueo, el intercambio de ideas y opiniones, el proceso creativo y la publicación del relato corto en Instagram

Sin más preámbulos, aquí tienes el resultado de esta colaboración, un relato corto de humor negro que parodia las dificultades y perturbaciones mentales a las que se enfrentan los escritores a la hora de abrirse paso en el arduo mercado editorial de nuestros días.

Imagen de Creative Hatti en Pixabay

relato corto de humor: escritor chiflado

UN PIRADO ARRESTADO Y TRES FRACTURAS DE CRÁNEO

(Relato corto de humor negro)

Soy un jodido ermitaño y paso por una racha de mierda, pero mi hermano Junior no tiene donde quedarse y lo acojo en mi piso. Llega con seis maletas grandes; cinco de ellas atestadas de conservas: fabada asturiana y callos con chorizo. Yo me paso el día escribiendo; Junior se zampa las latas y mira la tele. Duerme en el salón, en un camastro abatible que apenas soporta sus 180 kilos de manteca y desidia.

⸻La historia de tu vida tiene madera de bestseller ⸻le digo⸻. Creo que nos podríamos forrar.

Junior se anima a contarme sus miserias y yo empiezo a trasladarlas al terreno de la ficción. Solo me importa escribir y apenas duermo, tecleo con fervor casi religioso en jornadas demenciales que se suceden, durante semanas, hasta que pongo el punto final a mi obra maestra. La novela, sin embargo, no despierta el interés de ninguna editorial y los e-mails de rechazo me mortifican.

⸻No sufras, hermano… ⸻Junior trata de consolarme. Sus ojos brillan con una resucitada esperanza que brota de sus labios⸻: Podemos recurrir a la autopublicación.

⸻¿Autopublicación? ¡Eso es para fracasados!

Al día siguiente cambio de parecer. Al fin y al cabo, se trata de la historia de un fracasado escrita por otro fracasado. Junior salió de su pozo para sacarme del mío y ambos, con esperanzas renovadas, nos marcamos el objetivo de autopublicar un e-book en Amazon sin gastarnos un solo euro.

Una vez corregido el texto, contactamos con un colega friki de Junior que sabe maquetar libros digitales. El tipo pretende sacarnos cincuenta euros, pero accede a que le paguemos en especies ⸻es un muerto de hambre⸻ y cerramos el trato por diez latas de fabada de las que Junior se despide con lágrimas en los ojos.

La portada la apañamos con una imagen resultona de un banco gratuito; el e-book lo subimos a Amazon a base de tutoriales de YouTube.

⸻¡Lo vamos a petar! ⸻Me vengo arriba.

Las dos primeras semanas no vendemos ni un puñetero libro. A Junior le sangran las uñas de tanto mordérselas; a mí se me caen los cuatro pelos que me quedaban.

⸻Nos hace falta promocionarnos ⸻opina Junior⸻. Tenemos que hacer el paripé en las redes sociales.

Todo sea por la pasta: postureo con fotos mías en plan escritor maldito, pantallazos de las dos reseñas de cinco estrellas cosechadas en Amazon ⸻la de Junior y la mía⸻, montajes chapuceros del e-book con reclamos publicitarios…

Los resultados llegan en forma de reseña demoledora: «Lo mejor del libro es que decides cerrarlo tan pronto que te ahorras el sufrimiento de tener que leerlo».

⸻No hagas caso a ese cretino ⸻Junior evita que me derrumbe⸻. No tiene ni puta idea. Los buenos entendedores alabarán el libro. Tiempo al tiempo.

Al cabo de tres meses, las ventas ascienden a la friolera de cuatro e-books en total. Para más inri, cada uno de los lectores se tomó las molestias de redactar una reseña lapidaria: «¡Qué desvergüenza!»; «¡el peor libro de la historia!»; «deberían prohibir autopublicar a los retrasados»…

⸻¡A tomar por culo! ⸻Monto en cólera⸻. ¡De qué va esta puta gente! ¡Paletos! ¡Iletrados! ¡Malnacidos!… Los que compran e-books en Amazon solo leen novela romántica o juvenil o bazofia por el estilo.

⸻Te prometo que mataré a los cuatro que nos jodieron ⸻asevera Junior con un macilento hilo de voz.

Al día siguiente, despublico la novela y la envío a un prestigioso concurso literario. Confío en que los miembros del jurado la sepan valorar como se merece.

Llegó la hora de la verdad. Hoy se reúne el jurado para elegir al ganador y los finalistas, pero no me atrevo a levantarme: el camastro de Junior no se quejó en toda la noche y amanecí con la sospecha de que está fiambre. Saco fuerzas de flaqueza, entro en el salón y lo confirmo: Junior pasó a mejor vida. Pobrecillo, no le dio tiempo a comerse el equipaje que tanto apreciaba; se quedó a media maleta de conseguirlo.

⸻Ya me ocuparé de ti ⸻le digo⸻. Ahora lo importante es el concurso.

Pasan las horas como si fueran días. Por la tarde, la tensión de la espera me pasa factura; doy vueltas por el piso con los nervios de punta, me retuerzo los pelos de las cejas y trato de arrancar a mi hermano unas palabras de aliento:

⸻¿Crees que me llamarán?… Junior, dime algo… ⸻Calla, pero comparte mi inquietud: la expectación se refleja en su lúgubre semblante⸻. Si nos dan el premio te lo voy a dedicar. Siento que…

Me interrumpe el timbre del teléfono. Con una mezcla abrumadora de nervios y emoción, compruebo el prefijo de la llamada entrante. ¡Son ellos! Con el corazón atizándome en el pecho, atiendo la llamada:

⸻Di-diga.

Un comercial trata de endilgarme una promoción de no sé qué pichas en vinagre, y, me cagó en la puta, una furia visceral explota en mi interior, me sale por la garganta como lava incandescente y sepulta al comercial en toneladas de odio y frustración. Me bajo del olimpo en el que ya me veía, desciendo a los abismos del fracaso y, poseído por la rabia, agarro la maleta de las latas y la arrastro hasta la ventana del salón.  

Debí ajustarme a los cánones del mercado editorial. Sentimientos a flor de piel, algo de porno suave, unos toques de suspense y a petarlo con un bestseller para todos los públicos. Hubiera salido del pozo, pero no lo hice, por eso las latas de Junior salen despedidas de mis manos convertidas en proyectiles que rompen cristales, aboyan coches y siembran el pánico entre los viandantes.

Recursos gráficos de pngtree y pixabay.

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2 Comentarios

  1. Fer Alvarado
    4 julio, 2022

    Uno de esos relatos que divierten y que, a la vez, duele leer. Cuanta razón lleváis sobre los escritores nóveles, su trabajo y lo poco que se valora. Que mejor ejemplo que esta estupenda historia que habéis escrito que, por habilidad, creatividad y lo bien escrita que está, debería tener mucha más repercusión. Por cierto, el detalle de Junior cuando decís que muere a media maleta de conseguir su objetivo me parece una maravilla literaria.

    Enhorabuena tanto a Clara como a Javier por tan estupendo relato. Un abrazo enorme.

    Responder
    1. Eugercio
      5 julio, 2022

      Hola, Fer, Clara y yo te agradecemos este alentador comentario. Los que sabemos cómo está el panorama del sector editorial y tenemos aspiraciones literarias, lo mejor que podemos hacer es tomarnos todo esto con humor. Fue un ejercicio de desahogo muy divertido. ¡Un abrazo!

      Responder

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