Oveja negra de expresión orgullosa rodeada por un rebaño de ovejas blancas que la observa con recelo y hostilidad

Ovejas negras: 4 microrrelatos sobre disidencia y rebeldía

Las ovejas negras incomodan al rebaño porque piensan por su cuenta, se apartan del redil y no acatan la autoridad del pastor. Estos cuatro microrrelatos rinden tributo a los raros, a los insumisos y a quienes se niegan a balar al compás del populacho.

Ovejas negras: cuatro microrrelatos sobre disidencia, inadaptación y rebeldía

También en versión ilustrada

Estos microrrelatos cuentan también con una versión ilustrada que amplía y, en algunos casos, completa el juego narrativo. Al final de cada texto puedes verla o descargarla.

¿Qué carajo nos pasa? ¿Acaso somos ovejas para comportarnos como tales? Levanto el hocico del comedero. Varios hombres trajeados vuelcan sacos de forraje en otros comederos. Mientras los nuevos profetas ceban al rebaño, los perros nos mantienen apiñados y el pastor, contando billetes, reparte beneficios con el emisario de Wall Street. A mi alrededor, las ovejas siguen rumiando. Ninguna protesta por el sabor rancio del forraje. Escupo el último bocado y me alejo hacia la espesura.

© Javier Eugercio

Los niños del pueblo habían vuelto a dejarlo fuera del partido de fútbol. ¡Siempre sobraba uno! ¿Por qué él? Se refugió bajo su árbol favorito y abrió el libro de aventuras que estaba leyendo. Una hoja cayó sobre la página. La contempló unos segundos, la guardó entre las hojas del libro y el tronco del árbol crujió a sus espaldas. El chaval cerró el libro, se puso en pie y alzó la mirada. Una ráfaga de viento agitó la copa. Abrió los brazos. Sobre él, cientos de ramas se entrelazaban y miles de hojas temblaban juntas. Ninguna parecía sobrar.

© Javier Eugercio

El pastor sacude a las ovejas que se apartan del redil. Las blancas regresan cabizbajas, pero las negras levantan la pezuña y le dedican una estilosa peineta. Charlie Chaplin era una. Con sus galas de vagabundo convirtió la risa en un arma contra el poder. Los domingos por la tarde, varios amantes de las ovejas negras nos reunimos para ver su cine y luego montamos un coloquio.

—Lo acusaron de inmoral y comunista —dice Noelia.

—Estados Unidos le retiró el permiso de reentrada en 1952 —añade Leonardo.

Estoy aprendiendo mucho. Ahora, con los botines polvorientos y un hatillo al hombro, me río de los que me señalan con el dedo y, cuando brinco, choco los talones en el aire y sigo caminando sin mirar atrás.

© Javier Eugercio

Durante años curó heridas, repartió comida y levantó del suelo a quienes otros derribaban. Aquella noche volvió a ver arder el campamento. Caminó hasta el borde del acantilado y contempló sus manos.

—¿Dónde están las garras que emplean mis semejantes para abrirse paso?

A él nunca le habían crecido. Sin embargo, le habían salido alas en la espalda. Dejó en el suelo la mochila de primeros auxilios. Cansado de cargar con el peso de la barbarie, cerró los ojos, desplegó las alas y echó a volar.

© Javier Eugercio


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