Hombre ante una encrucijada en un paisaje arrasado por la propaganda, con un espejo roto, un muñeco caído y una flor iluminada

9 microrrelatos para reflexionar sobre la vida

Jon Fusta: antihéroe de Prosa Visceral

Dando guerra en el bando de las letras

¿Qué sabemos realmente de la vida? Estos nueve microrrelatos para reflexionar sobre la vida se asoman a la injusticia, el autoengaño, el condicionamiento social y nuestras propias contradicciones, pero también dejan espacio para la belleza y los propósitos verdaderos.

Nueve microrrelatos para reflexionar sobre la vida

También en versión ilustrada

Estos microrrelatos cuentan también con una versión ilustrada que amplía y, en algunos casos, completa el juego narrativo. Al final de cada texto puedes verla o descargarla.

El tren en el que viajo atraviesa las nubes. Con la frente pegada a la ventanilla, diviso un arco iris perfilado en el horizonte y siento una inmensa paz. La visión me sobrecoge tanto que deseo abrazarla eternamente, pero el tren no se detiene. Mi vida tampoco. Aquel arco iris permanece en mi memoria como uno de esos momentos sublimes cuya huella perdura durante todo el trayecto.

© Jon Fusta

El mando del televisor pesa en mi mano. En la pantalla, un político escupe mentiras a cientos de fanáticos que agitan banderas. Cambio de canal. Una familia urbanita estrena un todoterreno para «sentirse libre». Cambio de canal. Unos niños buscan comida entre los escombros.

—Pon otra cosa —dice Marta—. Bastante mierda hay ya en el mundo.

Miro los botones del mando, pero no pulso ninguno.

—Así es la vida —añade.

El mando sigue pesando. Alzo la vista. Los niños ya no están en la pantalla. Un perro busca supervivientes entre los escombros.

© Jon Fusta

—Me gustaría ser positivo, pero el mal que azota a los humanos es tan temible que se limitan a obedecer. Por eso viven resignados.

—Están sentenciados —opinó Barbie—. No los salva ni John Wayne. Los encerraron en la prisión globalizada y enviaron la llave a Marte en una sonda espacial.

—Menos mal que a nosotros —dijo Ken mientras contemplaba su peinado en el espejo— nos programaron para vivir felices y comer perdices. ¿Seguimos con los preparativos?

—¡Sí! —Barbie alisó el vestido de novia—. ¡Tenemos que enviar las invitaciones!

© Jon Fusta

Se sentía perdida. «En el libro Boberías que se me pasan por la cabeza, el doctor Rico te enseña a enderezar el rumbo de tu vida», leyó en su móvil. Pulsó el botón de compra. Tres semanas después, tras leer y subrayar el libro del doctor Rico, buscó en Amazon sus cifras de ventas. Acto seguido, empezó a escribir un bestseller basado en aquellas boberías. Público objetivo: mujeres que se sienten perdidas. Gracias a la IA, tardó un mes en escribirlo y, en diciembre, el libro estaba a la venta en todo el mundo. El algoritmo de Amazon recomendó en treinta idiomas otro discurso sin alma para mujeres perdidas. Para los hombres ya estaba el fútbol.

© Jon Fusta

Ante la tumba de mi padre, el eco de sus palabras me reconforta: «El camino hacia nosotros mismos —me dijo antes de morir— está lleno de incertidumbre, pero es el único que merece la pena recorrer. No malogres tu vida intentando adaptarte. No te ajustes a lo que esperan los demás. Hazlo a tu manera. Lo que te salga del corazón y las entrañas». Al salir del cementerio, sigo empeñado en presentar mi renuncia. De camino a la oficina, compruebo varias veces que la carta continúa en mi bolsillo. El miedo no desaparece. Pero sigo andando.

© Jon Fusta

El mes pasado me compré el todoterreno que anunciaban en todas partes, pero no me siento más libre y he decidido ponerme a meditar. Me duele la espalda y tengo la garganta seca. No logro concentrarme. Apago la varilla de incienso y abro el portátil. En YouTube, un gurú me explica cómo alcanzar la libertad financiera. Debo comprar un curso de formación de ocho semanas. El coche, el curso, la suscripción a la app de meditación… Llevo años comprando maneras de liberarme y ya no me salen las cuentas. Demasiado humo en el ambiente. Abro la ventana, pero el humo se niega a salir.

© Jon Fusta

Anonymous contrató al flautista de Hamelín para acabar con las ratas amaestradas que controlaban las instituciones públicas. El flautista tocó su hipnótica melodía, pero las ratas se taparon los oídos y cantaron el himno nacional. Desde la sombra, los amos premiaron a las ratas con un pedacito de tarta de queso y, con el cuento de que el mundo funciona así, lograron que el flautista se marchara y que Anonymous aceptara un soborno.

© Jon Fusta

Apagó el televisor y, con todos sus ahorros, partió hacia el oeste. Tres años después regresó por el este. «Estoy de acuerdo en que la Tierra es redonda —afirmó—, pero no es un lugar tan atroz como lo presentan los medios informativos». Se sentía más vivo que nunca.

© Jon Fusta

Se puso las gafotas de realidad virtual, su última compra en línea. «Estás solo —leyó—. Vives para trabajar y consumir. Compras para llenar un vacío que tus compras nunca llenarán. Estás alienado. Eres una pieza del sistema de producción y consumo. Crees que te importa el sufrimiento ajeno, la ecología y el porvenir de la especie humana, pero tu estilo de vida dice lo contrario».

—¡Guau, qué realismo! —exclamó antes de pulsar «Salir».

© Jon Fusta


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6 Comentarios

  1. Pedro
    19 abril, 2025

    Todos ellos me parecen muy buenos. ¡ENHORABUENA!

    Pedro.

    Responder
    1. Jon Fusta
      22 abril, 2025

      Muchas gracias, Pedro. Un abrazo.

      Responder
  2. Hana
    29 octubre, 2020

    En algunos de ellos podrían basarse para crear nuevos capítulos de Black Mirror. Me han gustado especialmente los tres últimos, con el último de las gafas de hecho me he descojonado, y con el de Que os den. Son trágicos y existenciales pero también se aprecia frescura y gamberrismo, lo que es la vida. Me gusta cómo se hilan todos para concluir con toques de humor. El humor nunca falta en tus relatos, aunque tenga que leerse entre líneas.
    Pdta: ya se cargó en mi Kindle Terrorhome, creo que voy a tener que coger aire y tragar saliva antes de empezar. 🤣

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    1. Jon Fusta
      30 octubre, 2020

      Coge aire y al tema, Hana, espero que disfrutes del viaje. Me alegran esas risas que te echaste con los micros. Las lecturas de entrelineas son los vasos comunicantes entre emisor y receptor. Ambos deben vibrar a frecuencias similares para que parte del mensaje son se pierda por el camino. Muchas gracias por el feedback, me ayuda a sentir que merece la pena mantener un blog.

      Responder
  3. Fernando
    25 octubre, 2020

    Gran acierto el unir estos microrrelatos en una única entrada ya que se complementan muy bien entre ellos y creo que, aún gustándome todos y cada uno de los micros/reflexiones que nos ofreces como unidad y por separado, creo que esta es una de esas claras ocasiones en las que se puede decir que «la unión hace la fuerza».
    Como favorito de esta tanda no sé si sabría decantarme por alguno ya que me encanta la ironía que emana de «¿Mundo Cruel?», «Realismo Trágico» o de «La Vie en Rose»; el mensaje claro y contundente que promulgas en «Humo», «El Buen Camino» o «Así es la Vida» pero, creo que por ese toque agridulce que quiero ver en el mismo me quedaría con «Manda la Vida» ya que aunque se pueda saborear la tristeza en el mismo pienso que deja entrever una pequeña esperanza que, al menos a mí, me hace darme cuenta de lo simple y complicada que es la vida en sí. Un gran abrazo y enhorabuena por estos micros que me hicieron pensar y mucho aunque sea un domingo por la mañana.

    Responder
    1. Jon Fusta
      25 octubre, 2020

      muchas gracias por leer y comentar estos micros y reflexiones. Me alegra saber que espolearon tu materia gris a pesar de la inopia dominical😅 Coincido contigo en que Manda la vida contiene un mensaje muy potente que da mucho qué pensar. Lo escribí con una persona en mente, pero podía extrapolarse a todo el que se esmera en conseguir lo que la vida se empeña en negarle. Cuántas veces me habré preguntado ¿por qué es tan difícil para algunos lo que para otros parece tan fácil? Puede que, simplemente, la vida tenga sus planes para cada uno de nosotros.

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